12 nov. 2016

Nuevo sitio de Notas de Unit

Soy un apasionado de las tecnología, me gusta meter mano y tener un mayor control de los sitios que utilizo, por ello he decidido trasladar el blog desde blogger a un sitio .com.

A partir de ahora mis escritos, relatos y todo lo que surja en cuanta a literatura, lo iré subiendo:




31 oct. 2016

Anomalía


Esto que les voy a contar sucedió hace ya algunos años, dormía en un nicho del cementerio Avellaneda, en donde trabajaba, la noche anterior había salido de juerga y mi cuerpo estaba rendido, era un día lluvioso y nadie se acercaba a visitar a sus difuntos. Descansaba en uno alejado de la vista de cualquiera, ubicado en la última fila de arriba y por las dudas había empujado un poco la escalera rodante hacia un lado, vaya a ser que asustara a alguien.

Una tormenta tomaba la ciudad, con truenos, relámpagos y ese olor a lluvia tan característico, el sonido del agua golpeando el chaperío de los ranchitos que rodeaban la necrópolis, la concebían perfecta; sin embargo, en esa ocasión no la disfrutaba, estaba consumido en un sueño.

En lo profundo del mismo, empecé a oír una voz a lo lejos, tardé en reaccionar y en estado de ultratumba por la borrachera nocturna, me levanté y olvidé donde estaba, zas… me di un cabezazo con el techo del cubículo. Pasé un rato conmocionado mientras la voz se iba perdiendo.

Al volver en sí, advertí que no había luz, con cuatro gotas se venía abajo la electricidad de la zona, gateando me fui acercando al borde, no veía nada, aunque entre las penumbras divisé la escalera, estiré mi brazo al máximo y la acerqué para bajar del nicho.

Cuando pisé el suelo, de repente sentí algo entre los pies: era una rata tamaño XXL corriendo a la deriva, de a poco iba perdiendo la ebriedad, caminé por el panteón y me encontraba solo, fui hasta el portal de entrada, el cual estaba cerrado —¿Tanto dormí? —me pregunté. En el exterior tampoco divisaba a nadie, solo las miles de cruces blancas sobre las tumbas.

Volví hasta el garito de limpieza, también estaba cerrado, dudé un poco y metí la mano en un florero de bronce de un cliente eternamente abandonado, tomé la llave y abrí la puerta, cogí la mochila para sacar el móvil y ver qué hora era: las 17:30 y el recinto cerraba a las 17:00, me dejaron encerrado, sin darse cuenta.

—¿Y las voces? —, qué carajo habré soñado, cuando de repente… volví a oírlas y la borrachera se evaporó para siempre, el miedo se apodero de mí, volteé la vista en todas direcciones y nada, a esa hora y cerrado es imposible que puede haber alguien.

—¿Quién anda por ahí? — grité, como no obtuve respuesta, caminé lo más tranquilo que pude hasta el portal de salida, temblando no lograba encajar la llave en el cerrojo, fue cuando sentí en el cuello un espeluznante halo frío y un vozarrón que decía:
—¿Dónde vas querido? — del pánico, sin querer, solté la llave y la hija de puta se cayó hacia afuera, lejos de mi alcance.
—¿Quién es usted y como entró? — pregunté aterrado a la silueta que se me acercaba.
—Solo vengo a retirar un paquete, como todos los días.
— ¡Un paquete!
—Sí, no encuentro el nicho número ochenta y cinco.
—¡El número ochenta y cinco! — entre confundido y horrorizado, caí en la cuenta, era donde estaba durmiendo —. Está vacío, nunca fue utilizado.
—Ah…habrá una confusión, aunque nosotros nunca nos confundimos—dijo socarronamente.
—¿Quiénes no se confunden nunca?
—Los colectores de almas.
—¡Los qué! ...— exclamé con sorpresa. Mientras la silueta dejaba de serlo y ante mi aparecía un hombre trajeado de negro, con sombrero tanguero y un rostro gris, portando una enorme cicatriz en uno de sus pómulos.

—Vengo todas las tardes a retirar las almas y llevármelas a un lugar mejor.
—¿Pero de que está hablando hombre?
—No tenga miedo señor, solo me dan un número y recojo el paquete, así de simple. —dudó un poco, mientras olía el miedo en mi—no será que…
—No.… espere—le corté—. Yo solo estaba descansando, ayer me fui de joda con los amigos y terminé ahí recostándome.
—Ya lo veo más claro, es una anomalía, solo pasa una vez al año.
—No le entiendo.
—Me temo querido, que vamos a tener que dar una vuelta por ahí. —Señalándome “el sector B”, el cual albergaba al dichoso sepulcro—La tormenta nos ha jugado una mala pasada.

Fuimos hasta la escalera rodante y la movimos hasta la fila del nicho, subí cada peldaño de madera con el colector detrás guiándome, ya no podía controlar el miedo, mi corazón estaba a punto de explotar, aunque sabía que ahí no había nada ni nadie. Al subir el último me quedé atónito, alguien estaba tumbado dentro, despavorido me acerqué lo suficiente y en la oscuridad del aposento eterno lo vi todo con una claridad sepulcral.

Era quien les escribe el que estaba tendido boca arriba, ahogado en un vómito mortal, enseguida una serie de imágenes me puso al corriente de mi suerte, el golpe en la cabeza, la borrachera y un fatal destino.

 —Lo siento— dijo, el rastreador de almas—esto no suele pasar. Nos miramos y por primera vez en mucho tiempo sintió algo de pena. Como les decía, esto aconteció hace tiempo y aún sigo trabajando en el cementerio, aunque ahora ficho más tarde, vestido en un traje eternamente negro.

29 oct. 2016

El sentido final



La mirada de Carlos ya mostraba signos del virus, el resto del grupo lo miraba consternado, su líder comenzaba el proceso de trasformación y luego en Fuengirola, solo serían seis las personas resistiendo tras los muros del Castillo de Sohail.

Europa yacía en penumbras, solo permanecían algunos bastiones de seres pensantes diseminados por ahí, todo se había vuelto oscuro y hordas de depredadores hambrientos caminaban sin rumbo, devastando todo a su paso, un paisaje desolador.

El grupo debía afrontar la inminente pérdida de Carlos, el cerebro y músculo, el que había librado mil batallas, el de la mano tendida y el corazón abierto en un mundo que paso de gris a oscuro en días. Justo, antes de entrar a la fortaleza, su brazo quedo atrapado en la boca de una persona sin alma y en ese instante, la suya tocó la puerta para despedirse.

El líder sintió irrumpir algo desde sus entrañas, una ola de escalofríos sacudió su cuerpo, en sus venas algo se movía a toda prisa, era el mal que andaba corto de tiempo y sin escrúpulos, avanzaba hasta su cabeza para formatearle la mente y convertirle en un ser sin alma. Carlos había proyectado este momento de mil maneras distintas, aun así, el miedo se hizo presente, todos los presagios oscuros eran pequeños al entrar el diablo en tu cuerpo, sus compañeros tendrían que sacrificarlo o acabaría con ellos.

Lo veía todo con claridad dentro de la oscuridad reinante, de una u otra manera dejaría de ser Carlos y decidió refugiarse en los recuerdos antes de dejar este mundo, pero la pandemia no le dio tregua y enseguida le clavó una filosa puntada en su cabeza, arrebatándole la visión, se hizo de noche y se vio sumergido en las mismísimas tinieblas.

—¡Por Dios, no veo nada! —Grito aterrorizado—¡Háganlo pronto Por favor! 
Mientras la epidemia seguía su curso y le asestaba otro golpe, le desconectaba los auriculares, el silencio le aturdió, no llego a oír las palabras de consuelo de sus horrorizados compañeros, los mismos que debatían de quien tenía los cojones de acabar con el suplicio de Carlos.

El negro absoluto no fue suficiente y de repente el olor se esfumó, ya no veía, no escuchaba ni olía, el dolor en su cabeza era infernal, los agentes del mal percutían con ferocidad en el control de mandos, abatiendo también al sabor, solo se resistía un sentido: el tacto.

Entre el dolor insoportable reconoció unas manos acariciando su rostro y el beso de unos labios en la mejilla, luego vinieron abrazos húmedos y más caricias, el terror se apoderó de Carlos, cerró los ojos apagados, resignado esperaba el inminente desenlace. En un par de segundos el presagio le atravesó la frente, un destello se llevó su alma y el miedo desapareció junto a él para siempre.

22 oct. 2016

Repique


Venía de abandonar la secundaria casi cerrando el segundo curso, un cóctel de motivos se unieron para ello y ahora no es momento de repasarlos, me mudé del turno matutino al nocturno, en "el Rancho de Avellaneda", la mejor decisión que pude haber tomado.

Recuerdo que no llegábamos a veinte alumnos, de vidas distintas, de barrios distintos y de edades distintas. En ese tiempo era un melófobo —palabra que tomé prestada del portugués, ya que no hay definición en castellano para el que odia la música—, entre mis compañeros se encontraba una parejita veinteañera, Marce y Rody que adoptaron rápidamente al pequeño morochito de Villa Corina, conocerlos fue un momento bisagra, con ellos aprendí a ver y escuchar la vida de otra manera.

El dúo más Factura, otro gran recuerdo archivado en mi memoria, tenían las llaves para abrir el cerrojo musical impuesto en mí, eran rockeros, como lo era Sarandí en esos años, AC/DC, Led Zeppelin y Deep Purple eran una parte más de sus existencias. Corrían tiempos de cassettes y me regalaron un compilado de canciones grabado en un TDK 60´, con arte de tapa y todo, para que mentirles, al principio la cinta no lograba seducir mis oídos, solo era ruido a lata y ensordecedor.

Hasta que el repique de unas campanas infernales estremecieron algo dentro mío y un sentimiento nuevo, un disfrute pasional comenzó a expandirse en mi cuerpo con cada nota de “Hells Bells”. Fueron las campanadas de bienvenida a la música, ya no volvería ser el mismo a partir de un instante de cinco minutos y trece segundos, los mismos que dura el himno de AC/DC.

Desde ese riff comandado por Angus, mi destino y yo caminamos con banda sonora, una canción para cada momento especial, para cada recuerdo, ¿y por qué no?, para cada ilusión, porque por más que tenga cuarenta y uno, me sigo ilusionando como en aquellas noches cuando salíamos del colegio y me acompañaban a la parada del bondi, una pandilla cantando alegremente cualquier canción que se le ponga adelante.

Con el tiempo me volví un enfermo de la música, pasándome horas buscando en las galerías de Lavalle o en el Parque Avellaneda, alguna banda nueva o rarezas para saciar el apetito polifónico que se había despertado en quien les escribe, mi cuerpo comenzó a vestirse con identidad rockera, daba pasos en unas All Stars negras, calzando un Levi´s gastado y enfundando alguna remera singular de los australianos, después de interminables visitas a las tiendas especializadas, hasta dar con la única en su especie, no vaya a ser que me cruce a otra igual por las calles.

Ahora sigo llevando el rock en las venas, aunque disfruto de Leonard Cohen, del tango y la buena música en general con la misma pasión.

Compartimos un montón de vivencias en esos dos años, me empape de buena gente, hasta que en tercero volví a flojear y deje la secundaria. Los volví a cruzar un par de veces más en Avellaneda y luego partieron hacia España en busca de un futuro mejor. Una pareja qué engendro a un melómano como yo, a los que les debo el sonido de mi vida.

19 oct. 2016

Viraje



Un pibe cualquiera, de un barrio del montón, caminaba por una de las calles de Avellaneda, deambulaba sin rumbo y herido de amor. El pobre pensaba, que era la persona más desdichada del planeta.

El estanque de emociones se desbordo a través de sus ojos y la noche encubría su rostro de las miradas ajenas. Desde lo más profundo de su corazón, un amargo sentimiento invadía su ser.  Daba pasos arrastrados y descoordinados, sin siquiera levantar la vista, no tenía más ganas de vivir.

Distraído en su suerte, no se imaginaba la sorpresa morbosa que el destino le tenía preparada en la siguiente esquina. Desde la nada, una voz de ultratumba canceló el duelo. “ Eh guacho, dame todo o te quemó era la voz del mismísimo diablo.” En su espalda sintió el frío plateado de una treinta y ocho. El desamor se evaporó en un instante, las ansias de perecer dieron un viraje tremebundo para darle paso a las de sobrevivir.

A ver… guachín, dame la guita, y no te va a pasar nada.” Aterrado, el pibe no lograba soltar palabra alguna, escalofríos mediante, su cuerpo se endureció y su mente se bloqueó por completo. El diablo también estaba duro y necesitaba repostar, le urgía una presa fácil y no era de medir las consecuencias si el naso se lo pedía. “—¿Sos mudito? — dijo.” Entretanto subía el arma hasta la sien de la víctima. 

El muchacho cerró los ojos y por fin lanzó unas palabras al vuelo “To…toma, pero tranquilo, no vaya a ser que se te escape un tiro.” mientras le enseñaba su mano derecha y con cuidado la metía en un bolsillo de su Levi´s gastado, rebuscando pesos salvadores. El asaltante comprobó el botín y se dio por satisfecho “¡Ni se te ocurra darte la vuelta o te quemo!” Presuroso dio la media vuelta y se fue por la esquina.

Fueron segundos, pero pasaron dos vidas, cuando el pibe abrió los ojos, sintió rabia y negando con la cabeza, observaba la silueta del diablo perderse en la oscuridad, el tipo no solo le había vaciado los bolsillos, también le había arrebatado su momento de desamor. 

15 oct. 2016

Hoja en combate


Una hoja en blanco espera impaciente ser inmortalizada, no quiere ser un folio más, pretende humildemente hacer historia. Espera en fila junto a otras cuatrocientas iguales, un ejército al servicio del escritor. Al fin la resma entra en combate, de reojo divisa como las primeras compañeras acaban abatidas en la papelera, un segundo grupo parece alcanzar el objetivo, cuando en un ataque de ira también sucumben masacradas, el enfrentamiento se vuelve feroz.


Algunas han tenido suerte y se han ganado la confianza del señor al mando, ejerciendo de posavasos, aunque esté se cansa de ellas y las cambia a menudo. Otras han sido moldeadas para sobrevolar el bloqueo mental y caen bajo las garras felinas de Silvestre, el batallón se reduce en número y diezma las expectativas.


Su espíritu rebelde no imagino nunca encontrarse envuelta en este holocausto, soñaba recibir honores vestida con frases memoriales, perfectamente distribuidas en su cuerpo blanco y de dimensiones exactas.


Un ambiente espeso a causa del humo rubio, atiza la zona, el paisaje es desolador, hay partes de lienzos esparcidos por todos los rincones del terreno. El día arranca con bajas y el humor del comandante es desmoralizador, su turno para entrar en la batalla dialéctica es inminente.


Se siente preparada, para eso fue creada, cuando de repente el escritor bloqueado se acerca y se queda parado mirándola, se siente reflejado en ella, está en un blanco abismal. La luz se apaga y su destino se posterga, tuvo mejor suerte que sus veinticinco antecesoras devoradas por el atasco literario.


Vuelve la luz y él de enfrente no es el mismo, parece otro, se lo ve exultante y atiza las teclas poseído por la inspiración, el tipo no para, de vez en cuando se levanta y vuelve corriendo al puesto de mando. Ella encabeza el último regimiento, sale la orden a través de una tecla y unos rodillos la transportan, mientras la impregnan de un arsenal de frases para sobrevivir y convertirse en esta hoja.

14 oct. 2016

La Pizarnik


-La mina esta, laaa…. Pizarnik, ¡esa sí que escribía en negro loco!, el Cortázar esté, intentaba ayudarla con sus cartas.
-Pero fue al pedo chabón, la loca esta se mató igual ¡mal loco!

Palabras robadas a dos jóvenes en un recital de Rock. La literatura en toda su expresión.
JAB. Con tecnología de Blogger.